Bitácora
Todo comienza el día que el mundo acaba Las aves que alguna vez cantaron serenas en los árboles de enfrente comienzan a emigrar Los días se acortan imperceptibles y el agua gris de los crepúsculos cede el paso a una noche que apenas llega y es ya el misterio en las ventanas No sé si han sentido esa falta de aire que turba el equilibrio, ese temblor en los músculos El corazón queda exactamente en el abdomen Uno debe estar listo para enfrentar ese viento del sur que trae la ausencia Rotas las amarras debe uno bajar de las naves simplemente. Quemar las naves, un desastre si tus pies no tocaron a fondo el continente Fino y frágil fracaso en las manos flacas de la suerte Bueno es hacerse a la mar detrás del cataclismo Recoger del sargazo las ruinas, las fosforescencias ilesas No detenerse a mirar los peces muertos Aconsejable asir las algas dislocadas, los hipocampos truncos Da coraje alzar las criaturas que rompió la tempestad y no mirar al azul: que te da vértigos No otear las estrellas No tocar el cuerpo del viento, ese cómplice hipócrita No mirar hacia atrás: las sirenas son bellas inquietante la espuma de las islas Ah pero yo ordeno el delirio promulgo el horizonte sin límites Indico al escándalo de las islas qué fondos necesitan mis naos Y nada de alisios Nada de música de mar Exijo catástrofes Rones que intenten echar bruma en mi paso Magias que me abran de nuevo a la inocencia Blancos caballos de furia que hollen la piel con sus cascos más duros ¿A ver qué mínimo dios podría doblegarme? Vientos, vientos, tomen en mi pómulo el grano fabuloso del maizal de mi sangre Que la luz enferma no me alumbre Ni me ampare la sombra Yo anunciaré los caminos las buenas nuevas que anoche trajo el verano Yo traeré a la mesa las viandas más finas Yo alzaré en los dedos el trofeo antiguo de la risa Y estoy seguro será hermoso
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